Algunos de los clientes más avispados y quienes han comprado productos nuevos quizá se hayan dado cuenta de que, por ejemplo, en los embalajes de los productos y por ahí y por allá ha aparecido un logo nuevo.
Llevamos años por el mundo con el simple texto VALCO. Ha sido una solución funcional, porque la tipografía rara vez le causa traumas a nadie. No como nuestro “logotipo original” de antaño. Daba una imagen tan floja que lo quitamos discretamente y esperamos que nadie hubiera llegado a hacer una captura de pantalla.
Pero cuando una empresa crece, toca enfrentarse a los hechos: un simple logo tipográfico no aguanta para siempre. Sobre todo si en los planes a largo plazo está construir nuestra propia Estrella de la Muerte, conquistar el mundo y someter a la humanidad para que nos sirva.
Los símbolos son poderosos. Se te quedan en la cabeza, se te pegan a la retina, acaban en banderas, en las torretas de los tanques y, al final, en los libros de historia. Normalmente por razones que luego ya nadie sabe explicar.
Queríamos un símbolo propio. Uno que dentro de 100 años pequeños delincuentes analfabetos garabateen con rotulador en las paredes del baño del metro y que la gente decente aprenda a temer.
En resumen: necesitábamos un símbolo que pudiéramos estampar en embalajes, productos, parches de manga y, con el tiempo, en el lateral de armas láser por el cinturón de Orión. Este símbolo tiene que resistir el paso del tiempo (y la radiación).
No usamos IA (esta vez)
Decidimos hacer algo muy poco habitual en nosotros: pagar por el logo con dinero de verdad en vez de mandarle a una IA que alucinara con “un símbolo pegado al costado de la Estrella de la Muerte”.
El elegido como diseñador fue Pekka Nokelainen, porque justo apareció por el bar de la estación de tren, donde Henri y Jani, delante de unas cervezas, estaban pensando que un logo nuevo estaría bastante bien.
Por suerte, Pekka es un tipo que entiende la esencia de la marca Valco: facturación máxima con el mínimo esfuerzo. Pekka describe así su proceso de diseño:
“Nos dimos cuenta enseguida de que el cliente tenía un sentido del humor tan torcido como el nuestro. Seguramente entró bien el Jallu, porque a la mañana siguiente no teníamos un recuerdo muy preciso de qué se había acordado sobre el logo.
El objetivo del proyecto estaba claro: hacer lo mínimo posible y facturar lo máximo posible. Lo del Rolex se quedó en sueño, pero con los honorarios salieron unas cervezas.
En algún sitio vi el logo de la Alianza de Izquierda y pensé que, si parto eso por la mitad y le añado una raya, nadie se va a dar cuenta.
Visto ahora con perspectiva, el resultado final quedaría mejor en el lateral de una zapatilla de correr de la Alemania del Este, pero seguro que hasta de esto cae algún premio de diseño. Lo pondré en la pared del váter de la cabaña, junto a los anteriores.
Nos pareció que valía la pena pagar para que Pekka nos plagiara el logo de un partido político y ni siquiera se molestara en tocar la marca denominativa. Una combinación así de genialidad, jeta y pereza solo se puede admirar.
Por eso le pedimos que, ya puestos, renovara también todos los embalajes. O sea, que los nuevos embalajes de producto también son obra de Pekka.
¿Y qué demonios es ese símbolo, entonces?
La nueva marca es minimalista, retrofuturista y justo lo bastante ambigua.
- Uno ve una V, como la V de Valco.
- Otro ve la diadema de unos auriculares.
- Un tercero ve un plagio sacado del logo de un partido político.
- En teoría, alguien también podría ver ahí un cisne finlandés que se larga de aquí en invierno.
- Uno de nuestra empresa ve una polla ahí, pero es que las ve en todas partes. Hemos intentado conseguirle ayuda. Sin éxito.
Para nosotros es, ante todo, un símbolo que da la impresión de que sabemos lo que hacemos incluso en los días en que, sinceramente, no tenemos ni idea. Un logo mejor hace que todo parezca un poco más caro, y en los negocios eso siempre viene bien, porque al final la pasta hace falta.

¿Y ahora qué?
Valco está creciendo. Cuando mandas al mundo electrónica aliñada con humor finlandés, conviene tener un símbolo que sea simple, reconocible y, sobre todo, registrado como marca internacional.
El nuevo símbolo va a aparecer en los próximos productos, en los embalajes, en la tienda online y en cualquier otra cosa que se quede quieta el tiempo suficiente como para que nos dé tiempo a estamparle nuestro logo.
Y si este símbolo no te gusta, no pasa nada. Queremos asegurarnos de que lo veas en absolutamente todo durante los próximos 30 años, así que te vas a acostumbrar sí o sí. Resistirse es inútil.
— Valco, la corporación malvada más simpática del mundo

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